El terrorista del martillo metido a demócrata aleccionador (Pío Moa, muy elegante él, sobre F.F. Gómez)

Fernando Fernán Gómez, artista del franquismo
Y muy típico, por otra parte. Empezó próximo al régimen en sus años más duros para distanciarse conforme el franquismo se liberalizaba. En su distanciamiento se fue inclinando al anarquismo, cuyos atentados y matanzas le parecían muy justificables, si bien en ningún momento sus aparentes convicciones le llevaron a renunciar, muy al contrario, a las oportunidades, premios y privilegios que el franquismo le permitía o con los que recompensaba su trabajo en el teatro, el cine o como escritor; o a sus colaboraciones en el monárquico ABC. Algo parecido ocurrió con Berlanga, con Cela (en Años de hierro menciono el dato, poco observado, de que empezara a escribir La Colmena en el significativo año 1944, cuando hasta el más torpe vislumbraba la derrota de Alemania y todos los expertos estaban convencidos de que Franco y su régimen tenía los meses contados), y tantos más. Lo cual vuelve a confirmar el hecho de que el franquismo nunca tuvo una oposición democrática, y que fue lo bastante liberal para permitirse una intelectualidad díscola… al modo de Fernán Gómez, y hasta de otros más arriscados.
Como artista, Fernán Gómez tenía considerable talento, si bien lastrado por su carga ideológica de una simplicidad casi infantil y sus prejuicios sobre el pasado reciente español, acerca del cual llegó a tragarse sin respirar toda la contradictoria propaganda izquierdista. Aun así estaba bien por encima de la media intelectual del posfranquismo, tan estragado por la mentira rampante que parasita nuestra democracia.
Al final, su ataúd iba envuelto en la bandera cenetista, con la medalla de la Real Academia, después de que el grotesco Zapo honrara con su presencia el cuerpo presente. ¡Cosas de España!, se decía antes.
Pío Moa en el diario-web Libertad Digital




