Aristocracia obrera

La clase obrera baja ha desaparecido de los medios de comunicación o de, lo que es lo mismo, la construcción de la realidad. Aquí todo dios es clase media- media, y no osen a decir lo contrario porque es pecado incluso para los que lo son. A este respecto vivimos en permanente contradicción: los más pobres nos vestimos, comemos, bebemos e, incluso, olemos como burgueses…y sin embargo, no tenemos un lugar en el que vivir ni procrear, ni tenemos un contrato de trabajo indefinido que nos permita adquirir una identidad social.
En el contexto actual ¿qué representa el funcionariado? Aunque económicamente pueda ser un elemento positivo -por su capacidad de consumo- en ciclos económicos de recesión, socialmente representa un enorme agravio frente a los trabajadores “privados”; cada día más expuestos al libre albedrío del mercado y más “privados” de la protección del Estado. Como respuesta muchos –resentidos- apuestan por destruir todo lo público, y que todo tipo de empleo público para que pase a manos privadas. Sin lugar a dudas una medida agresiva que acabaría con los privilegios de la clase trabajadora del estado y haría tabla rasa para todos. Quizá lo óptimo sería darle la vuelta a la tortilla, y que esos privilegios de “lo público” se convirtieran en derechos para todo tipo de trabajador. Pero para ello harían falta muchas cosas. Empezando por lo más realista; que el funcionario se vea a sí mismo como un currela más que no huele mejor que nadie, y que debe exigir también por las condiciones laborales de los demás. Y terminando por lo más utópico: que cuando alguien vaya desesperado al INEM a pedir trabajo el funcionario de turno no le espete eso de “espera 15 minutos ahí sentado, que es la hora del café…”. Más les vale que no sigan por ahí no vaya a ser que todo terminemos esperando.




