¿Hay futuro para este futuro?

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En un extraordinario artículo para “le nouvel observateur” James G. Ballard , posiblemente el mejor de los escritores actuales de ciencia ficción, confesaba que la mayoría de las predicciones sobre el futuro de la humanidad se habían revelado finalmente como falsas: los viajes interplanetarios, la colonización de nuevos planetas, el intercambio de conocimiento con otros seres inteligentes parecen, hoy, abstracciones impracticables. Sin embargo, también indicaba que algunos escritores si habían acertado a la hora de describir el sistema capitalista en un futuro cercano: H.G. Wells vaticinó la bomba atómica, otros como Aldous Huxley predijeron la sociedad del superconsumo y del individualismo; la clonación y la evasión de los jóvenes –y no tan jóvenes- en las drogas. Viendo esto, podemos declarar públicamente que vivimos ya en el futuro; por tanto no hay sueños que cumplir. Ahora bien, ¿Tiene futuro este futuro?...

La caída del bloque soviético y, sobre todo, la traición a los principios socialistas fueron una doble tragedia, curiosamente, para la sociedad occidental: al erigirse como única alternativa, el capitalismo se desató mostrando sin complejos su peor y más agresiva cara; cualquier atisbo de reforma social del sistema quedó tachada, en el mejor de los casos, de utopía rancia y, en el peor, de medida fascista que atentaba contra la libertad. Así la esperanza y la razón de un mundo más igualitario quedó enterrado para siempre (¿?); la única razón válida es la dictada por y para el mercado. Las angustias de la realidad se reducen, ahora, en poder comprar cuanto antes el último modelo de juguete y en planificar las próximas vacaciones en el lugar más paradisíaco posible. ¿Vida idílica? Más bien al contrario, una vida sin esperanza, sin porvenir, sin más sueños que los ofertados por la publicidad, sin más centros espirituales que el estadio de San Mamés o el centro comercial de la esquina.

Sin embargo se está demostrando que la razón de mercado es insuficiente: una vez muerta la esperanza y la razón de la ilustración, ¿qué salida hay, más allá del consumo, para la insatisfacción social? ; ¿Qué vía de expresión es la más adecuada para una sociedad criada en el pensamiento único, en la pasividad creativa, y en la incomunicación? Todo parece indicar que será la violencia nihilista. Como siempre los países occidentales más avanzados son vanguardia, aunque cada uno con sus particularidades propias: EEUU y los tiroteos de Columbine y Virginia; Francia y la quema de coches en las barriadas; también España y su cada vez más frecuentes sucesos violentos en institutos, convenientemente filmados y distribuidos por la red por los jóvenes, cada día más obsesionados con tener sus 15 minutos de fama y ser protagonistas de su propio reality-show.

Es más un problema de modelo psicosocial que económico: El capitalismo está cada vez más obligado a diversificarse (ampliar la gama de productos) y cada día se acerca más a explorar la psicopatología del ser humano: instintos asesinos (videojuegos); paidofilias (porno hardcore, zoofilia, pedofilia); nihilismo e imbecilidad (Jackass, crónica rosa) ; con ello se crea un público objetivo, cada vez más deseoso de ir un poco más allá y suplir sus ansias creativas por actividades autodestructivas y autistas.¿Qué ocurrirá cuando esta gente se enfade?; ¿cómo se expresarán cuando hartos de vivir, disgregados, sin futuro, estallen por el más absurdo motivo? ¿Iniciaremos una batalla campal contra policía ante la imposibilidad de hacer el botellón?; ¿Cogeremos una metralleta para vengarnos de nuestros compañeros de colegio o de trabajo?...

La única certitud que tenemos (por lo menos los jóvenes) es que no sabemos qué pasará, ni si papá y mamá estarán todavía aquí para protegernos. Es un futuro incierto y oscuro... y sin embargo parece tan apasionante…

17/06/2007 19:03.

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