The Host (Bong Joon-Ho. 2007)

¿Un film politico?
Hay varias maneras de hacer comer verdura a un niño: a la fuerza o intentado disfrazar dicho alimento de la manera más atractiva y digerible posible (en mi caso gratinada). Lo mismo se puede decir en la dirección cinematográfica a la hora de “empaquetar” un mensaje al espectador. Así, por ejemplo, tras la apariencia formal de película de terror de serie z, dirigida al público adolescente, La tierra de los muertos vivientes (George A. Romero. USA.2005) puede ser tan comprometida políticamente como algunas películas de Ken Loach o, salvando los millones de kilómetros de distancia, Jean Luc Godard. Los americanos han sido, desde siempre, unos maestros a la hora de disfrazar mensajes que bajo otras apariencias serían poco atractivas para público.
Lo mismo se podría decir de los surcoreanos tras haber visto el último film del prometedor Bong Joon-Ho. The Host ha sido vendida al público como la típica “monster movie”, género en el que podríamos encuadrar películas como Jaws (Steven Spielberg, 1975), The Relic (Peter Hyams.1997) o retrayéndonos más en el tiempo Tarántula (Jack Arnold.1955) o Them (Gordon Douglas 1952) con las que tiene no pocas semejanzas discursivas. Sin embargo; detrás de toda esa parafernalia del bicho antropófago se esconde una verdadera reflexión política sobre Corea del sur y una divertida y certera descripción del estado de ánimo de los surcoreanos. Si en su anterior película Memories of a murder. (2003) Bong Joon-Ho se servía de las convenciones formales del psychothriller para realizar una crónica sobre la frustración de pueblo coreano, ante la falta de libertad y la escasez de medios durante la dictadura militar, en “The Host” parasita las apariencias de las películas de monstruos para poder narrar la cosificación del individuo surcoreano dentro de la sociedad de la abundancia (más que de bienestar) y el consumo frenético.
El arranque del film está basado en hechos reales: Un autoritario científico estadounidense (qué casualidad) obliga a su ayudante surcoreano a arrojar por el desagüe el contendido de frascos de un peligroso producto químico. Pocos años después un enorme y horrible monstruo hace una aparición estelar sembrando el pánico en la ribera del río Han y, de paso, tragándose a más de un despistado; y secuestrando a una niña cuya familia se reunirá para acabar con la bestia y, así, rescatarla.
Este es el mecanismo argumental del que se sirve Joon-Ho para presentarnos a la familia de cazadores que, en manos del director, viene a ser un compendio de la historia de Corea del sur. Familia formada por el abuelo, emigrante del campo durante la época de la dictadura; y los hijos de este: el padre de la niña, un atontolinado e inconsciente que sufre ciertas imprecisiones mentales por la falta de cariño y alimento durante su infancia (sic); el hermano mediano, un licenciado universitario sin trabajo, frustrado y con mucha experiencia en tirar cocktails molotov durante las protestas estudiantiles; y la hermana pequeña, medalla de plata en los Juegos olímpicos en la especialidad de tiro al arco. Una familia desestructurada, dividida y tratada ,de forma deliberada por el director, de manera autoparódica ; que poco o nada tiene que ver con las familias ,de los filmes USA, cohesionadas e ideales que luchan también (y ¿tan bien!) contra una amenaza exterior,.
Nada convencional tampoco es la descripción que hace el director del gobierno surcoreano y EEUU (su aliado estratégico), más molestos en controlar las protestas sociales y en tapar mentiras y manipulaciones (algo que se nos hace familiar al espectador patrio) que en eliminar la amenaza que se cierne su población. Una amenaza corporizada en un monstruo bulímico (que traga sin parar personas para luego vomitarlas y almacenarlas) que puede servir perfectamente de metáfora para definir una sociedad tan atiborrada de móviles, coches y ordenadores como de mentiras, manipulación y frustraciones.
Un film perfectamente (des)estructurado
Tan poco arquetípica e indefinible como la familia protagonista es, por un lado, el carácter del film (género) como su focalización (punto de vista).
Habrá quien viendo The Host haya exclamado eso de “no acabo de coger el hilo”. Y es que la película en cuestión es probablemente una las películas que mezcla, con mayor desparpajo, situaciones comunes de todo tipo de géneros fílmicos convencionales: el cine catastrofista, el terror, la tragicomedia, el film político, la comedia absurda, etc.…Viniendo de un film , en principio comercial y destinado a todo tipo de público, parece más un atentado a la ideología cinematográfica del espectador medio ( que pretende etiquetar todo, tal y como le ha enseñado la industria) que una estrategia narrativa casual. Esta estrategia ya fue ensayada por Joon-ho en Memories of a morder pero en The Host lo ha llevado hasta el extremo. Tampoco es casualidad que esa indefinición de mirada se extrapole a la dirección cinematográfica y al desarrollo de la trama. Para cada género una forma de filmar, y para cada forma de filmar un personaje/ punto de vista.
Así, por ejemplo, los primeros minutos del film están adornados por las convenciones del cine catastrofista: una realización frenética y un espectador que es testigo objetivo del hecho.
De esta manera el film muestra en sus primeros minutos, la secuencia de más impacto: el primer ataque del monstruo engloba los minutos más frenéticos e impactantes del film. En palabras de Quim Casas (Dirigido Por. Nº 365 pg 19) “la secuencia construida sobre unos efectos musicales extremadamente poderosos… es larga y repleta de hallazgos visuales: el primer plano de la muchacha que escucha música con auriculares mientras la gente corre despavorida a su lado sin que ella se aperciba de nada hasta que es golpeada, el plano general del vagón metálico sacudido de un lado a otro después de que la criatura entre en él y atrape a varias personas...”.
El film no seguirá por esos derroteros catastrofistas: una vez descubierto el motor del relato (la caza del monstruo) la historia se dividirá en varias subtramas y la mirada (y saber) del espectador se dividirá entre los diferentes individuos de la familia, cada uno con su historia y estrategia particular para dar con la niña antes de que esta sea engullida por el monstruo.Igualmente el final de The Host descolocará a más de uno, no sólo porque, en realidad, sean dos finales sino porque ninguno de los dos sigue los dictados del típico producto comercial, que siempre ofrece al espectador una salida feliz al drama. No es un happy end, está claro; pero tampoco un final hiperdramático: se trata más bien dos secuencias (clímax y anticlímax) que vienen a resumir y a denotar los verdaderos temas que encierran el film: la frustración y la sensación de abandono.




