En un mundo mercantilizado, ya solo cabe ser pirata..y a mucha honra.
David Bravo vs SGAE (Versión corta. 3’55")
He aquí el debate entre un "soberbio" abogado de la SGAE y David Bravo,abogado especializado en los derechos de autor y en el derecho al acceso a la cultura, gran defensor de lo que se llama despectivamente "pirateo" vía internet; es decir, el intercambio de archivos mediante redes de pares (P2P). Atención al razonamiento de David Bravo,absolutamente brillante. Derechos de autor no deber ser sinónimo de acceso privado a la cultura, la cultura es un bien colectivo.
David Bravo vs SGAE (versión larga. 1h.44’13")
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La gran revolución que ha traído consigo Internet es el extraordinario fenómeno del P2P: un sistema que permite el intercambio de archivos entre usuarios a través de un determinado programa informático .El funcionamiento es bien sencillo: el usuario de la red puede acceder con un golpe de tecla o de ratón a un enorme catálogo de archivos –música, libros, películas- que la gente comparte y pone a disposición del otro si ningún tipo de retribución ni fin comercial. Con el P2P entramos de lleno en una economía que algunos creían obsoleta y que la tecnología de golpe y porrazo ha rehabilitado: el trueque: que sustituye las nociones en las que se basa nuestra economía; competitividad y mercantilismo por cooperación e intercambio -sin intereses espurios-. La demonización del intercambio de archivos, por parte de sociedades gestoras e instituciones, se debe al marcado carácter ácrata del asunto, que se sale de los mecanismos de control mercantil del sistema. Debe ser doloroso para algunos ver que cómo el acceso a la cultura se democratiza y millones de personas pueden –por fin- acceder a otro tipo de artistas alejados de las estándares industriales y/o convencionales. El gran problema -para las discográficas- es que con Internet el fenómeno del intercambio se ha multiplicado por un millón, ya que gracias a la tecnología no se necesita el contacto directo con la otra persona, y el abanico de contactos se abre, prácticamente, a lo que podríamos denominar “vecindario mundial”.Lo que se ha conseguido en definitiva con ese trueque mundial es que cualquier artista tenga la oportunidad de que su obra tenga una gran difusión sin la necesidad de tener el brutal capital necesario –ser esclavo de alguna compañía- para hacerse una mínima campaña publicitaria y un buen número de copias físicas: muchos artistas ven como ahora sus obras tienen salida al mundo; estamos , en este caso, ante una verdadera democratización de los medios de producción culturales, de ahí los lloros y desconsuelos de parte de la tecnocracia cultural y de las grandes multinacionales que poseían antes la –increíble- potestad para determinar qué podía ser mercantilizado, y consecuentemente qué era lo calificable como arte y qué no. Ahora nos toca a nosotros decidir: ya era hora.



