El Movimiento Gay: Una solución comercial deprimente…
La identidad es una necesidad básica del ser humano en tanto poder responder a la pregunta de ¿quién soy yo? , es tan necesario como recibir afecto o el alimentarnos, es tan necesario que sin identidad no podemos tampoco reconocer al de fuera, ni tampoco tomar decisiones libres y voluntarias. No tener identidad es como vivir dentro de una dictadura auto-impuesta. Parecido es el que caso de la “identidad colectiva”, es decir, sentirse parte activa de un grupo determinado; parte esencial para la cohesión social (cuando el grupo está integrado en la sociedad).
El Movimiento Gay ha servido para que millones de personas hayan –por fin-adquirido visibilidad: gracias a ello los homosexuales han podido reafirmar su individualidad (salir del armario) y formar parte de una comunidad que se muestra homogénea e, incluso, cerrada. El problema del movimiento Gay es que cae en el mismo error de las otras culturas urbanas, copiando las mismas estructuras cerradas, tendentes a la atomización y a la estandarización del individuo. Definir a la persona única y exclusivamente por su orientación sexual –yo soy gay, hetero, bi…- es propio de culturas totalitarias: de esta manera el ser humano es “clasificable” en tres etiquetas: homosexual, heterosexual y bisexual, tomando la sexualidad como algo determinado genéticamente, carente de cultura y de necesidades sentimentales. Atención, porque no es lo mismo crear identidades que sellar códigos de barra.
Así la cultura Gay se presenta como adalid del homosexual alegre, vivaracho, consumista e, incluso, frívolo y un poco páyasete (véase el desfile Gay)...Todo esto tiene como resultado, como dijo Álvaro Pombo –extraordinario escritor de orientación homosexual- que el “colectivo gay caiga en la superficialidad, la "parodia" el "ridículo y este exento de autocrítica”. El movimiento gay (que no el movimiento por los derechos de los homosexuales y transexuales) es más un producto de marketing que una emancipación social verídica: un nuevo público al que atiborrar de productos específicamente destinados a “su sensibilidad”.
Otra cuestión criticable es la idea de “espacio gay”: la “representación” de la identidad gay en espacios físicos: clubes, bares, tiendas…que acaban por convertirse en circuitos herméticos de diversión. Campos de concentración encubiertos, guetos sociales revestidos de liberalismo sexual. Detrás de una impostada pose de libertad, los centros “específicos” ocultan una demoledora dispersión inconsciente. Es como decir, “Ah, eres marica, entonces tu para el otro lado”….
Sin embargo la verdadera liberación vendrá determinada por la reestructuración de la sociedad: una sociedad libre de prejuicios sexuales, cohesionada, que no necesite dispersar al diferente, donde heteros, homos, bis y trans puedan convivir en espacios comunes, sin vivir atemorizados por la “inseguridad” sexual. Mientras tanto todo esto (el matrimonio, el desfile, el orgullo, la Zero…) será una –bonita- ilusión de luces de neón, tan llamativa como carente de profundidad. Una solución comercial deprimente…




