Entrevista con Mikel Valverde. Ilustrador y escritor. Ganador del Premio Internacional de Ilustración SM

“Mi trabajo me da la oportunidad de sentirme vivo”
Sin lugar a dudas Mikel Valverde es un hombre sencillo, ese tipo de gente que hoy escasea…
Aunque quedamos para realizar la entrevista por teléfono, me reconoce nada más verme. Es más bajito de lo que pensaba. Me saluda efusivamente dándome una palmada en la espalda; parece querer ofrecerme parte de su espacio vital, algo que se agradece mucho hoy en día.Recorremos como sonámbulos las calles del Casco Viejo sin decidirnos por un sitio donde realizar la entrevista. (Ahora que escribo estas líneas me alegro de haber tenido esa oportunidad)Me habla como si fuéramos amigos de toda la vida. Hablamos de la universidad, del cine, de la vida en general… No sé cómo explicarlo pero, al estar junto a él, percibes la sensibilidad de Mikel: su modo de mirar a la gente, de preguntar a los viandantes por un bar, su forma de hablar tan exenta de retórica… Una sencillez que emociona.Finalmente nos alejamos del Casco Viejo y entramos en una cafetería cercana al Mercado de La Rivera. En el café hay colgadas unas fotos en blanco y negro (realmente buenas) de Cuba. Mikel me confiesa que las fotos son de su hermano. “Vaya, o sea que sois una familia de artistas” – le digo. Él me contesta que sí medio riéndo, casi sintiéndose avergonzado por el cumplido. Pedimos dos cafés y un pincho de tortilla. De nuevo nos envolvemos en una apasionante conversación -esta vez sobre la literatura- que poco tiene que ver con la entrevista. Nos amonestamos mutuamente: el tiempo apremia. ¡Hay que comenzar la entrevista!
Así es como comienza esta historia…
-¿Cómo llegas a esto de la ilustración?
Lo que me ha gusta siempre es el mundo de las historias. De alguna manera lo que ves de pequeño y te gusta te acaba marcando: una de las primeras cosas que me marcó –con 8 o 9 años- fue el cine clásico y su forma de contar historias. Date cuenta que cuando era pequeño recibía las historias casi exclusivamente a través de dos formas: el cine y el cómic. Me gustaba la combinación de imágenes y textos. Fue por medio del cómic, que me gustaba mucho, como llegué a ser un gran lector de literatura clásica, sobre todo de aventuras: Julio Verne, Arthur Conan Doyle, novelas como Miguel Strogoff, El conde de Montecristo, los tres mosqueteros…
En lo que se refiere a la práctica del dibujo: sentía la necesidad de fabular, de contar historias. Como el cine me parecía inaccesible, empecé a dibujar cómic para narrar esas “fabulaciones” . Empecé a publicar cómic con 16 años e inmediatamente empecé a interesarme por el mundo de la pintura y los libros ilustrados. Me percaté que los ilustradores de cómic se desdoblaban en ilustradores y veía como ganaban en libertad con el cambio. Por eso me dejé seducir por la Ilustración.
-Aunque hoy tenga muy mal nombre, la televisión ha influido a muchos profesionales no solo de la tele sino también el arte, en este caso, el dibujo o la ilustración…
Sí, date cuenta que yo por mi edad (casi 40) soy de las primeras generaciones que fue marcada por la televisión. Yo accedí a la cultura por medio de la tele. La televisión que yo vi era todo cine clásico y unos dibujos animados con un guión excepcional, con una ironía y una carga crítica impresionante…
-Por ejemplo…
Los Picapiedra, tenían una carga social como la pueden tener hoy en día Los Simpson…; Don Gato que trataba sobre unos buscavidas y un policía Matute que era el tonto de la serie; Tom y Jerry… Eran series que tenían una doble lectura ya que por debajo de ese divertimento había una carga social, una crítica muy importante.
-¿A qué te refieres con eso de doble lectura?
Me refiero a, por ejemplo, Charlot en “Tiempos Modernos”; si lo ves superficialmente solo ves algo que es gracioso, un hombre que se ve envuelto en malentendidos… pero detrás de todo eso hay una descripción sobre la alienación, sobre la vida de un inadaptado. Eso también pasa en las películas de John Ford, como en “Centauros del desierto” en la que puedes ver una película de vaqueros e indios o también una historia sobre el desarraigo. Esa estructura de doble lectura es la que más me interesa a la hora de contar mis historias, que el dibujo o el texto que haga tenga varias interpretaciones, que sirva como divertimento para los niños y que también tenga una cierta carga social que puedan apreciar los mayores. Esto lo hacen muy bien los americanos.
-¿Cuando dibujas o escribes eres consciente de esa doble lectura?
Sí…por eso utilizo el humor pero o que tengo muy claro es que la historia tiene que tener una estructura sólido y un pulso, un buen ritmo y una intriga. Yo tengo muy claro la estructura de planteamiento-nudo-desenlace, a partir de ahí puedo jugar… si es para un público de niños pongo más importancia en el humor, en la ternura de los personajes. Pero lo más importante es contar una buena historia con un buen fondo sea el público que sea.
-¿En quién te fijas a la hora de contar las historias?
Para escribir historias es importante tener buen gusto, acertar en quién te fijas. Por ejemplo en televisión me fijo en los americanos; en su dominio del tempo y de la técnica; en lo que se refiere al tema de la ilustración me fijo mucho en los franceses; y en novela autores como Elmore Leonard, Arthur Conan Doyle, Stevenson y Pío Baroja, que me parece buenísimo.
-O sea que al contrario de lo que se piense el dibujante/ilustrador puede estar más influido por la literatura que por la pintura…
Es que date cuenta que yo soy tan ilustrador como escritor. Yo no sé los demás ilustradores pero yo a veces me siento un poco como un “mugalari”; al lado de los otros ilustradores me veo muy escritor, y al lado de los escritores me veo muy ilustrador.
-¿Qué tal se llevan los dos Mikel Valverde, el ilustrador y el escritor?
Por suerte son disciplinas diferentes y una no pisa a la otra. Lo que si es verdad, es que cuando ilustro se nota que soy escritor y cuando escribo se nota que soy ilustrador, escribo en imágenes. Pero, en general, se combinan bien porque ambas están puestas en servicio de la historia, la historia es lo más importante. Un ejemplo: a mí me gustan mucho los paisajes, las escenas bonitas pero siempre prefiero ceñirme más a una historia.
-Tal vez eso sea mejor que la convivencia creativa con otros escritores tal vez algo recelosos del ilustrador…
Hay escritores que son encantadores, que actúan en común con el ilustrador. Que conciben el libro contando con el ilustrador. Luego hay de todo, hay escritores que a veces, esa colaboración, la entienden menos. Bernardo Atxaga, en con el que trabajo a menudo, es un gran ejemplo de lo primero: a veces decimos que estamos casi hermanados, trabajamos realizando una verdadera cooperación. Hablamos de lo que queremos contar y a partir de ahí aportamos nuestra parte; el su escritura y yo las ilustraciones. Es un verdadero placer trabajar con él.
-En otras entrevistas decías que no te identificabas mucho con tu época en la universidad…
La razón por la que entré a la universidad de Bellas artes fue para adquirir un poco de oficio…yo me veía con ideas pero que, a la vez, me faltaba la técnica, el caso es que yo había visto Talleres de arte en Francia donde se trabajaba la técnica. Esperaba aprender en la universidad lo mismo que podría aprender en un taller francés de arte. Lo que me encontré fue, quizá, demasiada teoría de relleno, mucho egocentrismo: se ponía mucha atención en una presunta originalidad, cuando algo original no es sinónimo de calidad (en el sentido de cómo está hoy en día el arte moderno) aún así aprendí, cosas que me han marcado: conocer el siglo XIX o la técnica de grabado. Yo no he sido nunca muy precoz y necesitaba más un maestro que me ensañara el oficio que alguien – con todo lo liberal que sea- que te viene solo a escuchar y que te dice que ya estás formado… tiene que ser más serio.
-¿Cómo sobrellevaste esa época de incertidumbre que todo estudiante vive al salir de la universidad? Además habiendo estudiado una carrera que no tiene precisamente mucha demanda de empleo
Esa época de incertidumbre tiene un nombre: paro, y es muy jodida. Lo peor de esto es que te entran muchas dudas. ..Encima yo salí de la universidad en los 80, que es cuando el cómic entró en una profunda crisis de la que todavía no ha salido. Por eso entré en el mundo de la ilustración y de la literatura. Ahora prácticamente -12 años después- he dejado el mundo del cómic.
-¿En casa tus padres te metían mucha presión por no tener un trabajo serio y querer dedicarte a hacer “dibujitos”?
Sí, yo vengo de familia trabajadora. Nadie de mi familia se había dedicado al arte, por eso tuve presión, también, quizá, porque era algo totalmente nuevo para mis padres, que apenas tenían la primaria. Date cuenta que el trabajo creativo, sea ilustrador o escritor o lo que sea, es un trabajo que no tiene nada que ver con los trabajos comunes. El trabajo creativo te exige una inversión muy grande en ti mismo. También hay un componente de incertidumbre porque no sabes si vas a cobrar por esa ilustración o ese libro en el que llevas trabajando mucho tiempo. Esto no es fácil de entender por la gente que esta acostumbrada a un trabajo de 8 horas con un sueldo fijo al mes.
-¿Qué te aporta este “trabajo” creativo?
Pues te sientes muy vivo. No es como los trabajos normales en los que puedes estar toda tu vida haciendo lo mismo. Mi trabajo me da la oportunidad de viajar, de estar en la carretera, de poder apreciar paisajes, en definitiva, de estar vivo. Es sugestivo porque además todo puede cambiar de un año para otro. Sientes que vives el momento… esto teniendo trabajo porque si no tienes…El paro es muy duro.
-¿Qué dirías a esas personas que dicen que lo de dibujar es solo para gente dotada de un don?
A decir verdad yo no sabía dibujar, yo no era el que mejor dibujaba de mi clase. Yo dibujaba mal. Yo lo que hacía era dibujar mucho porque tenía mucho que aprender. A base de practicar y practicar vas descubriendo tus capacidades. Eso de que el oficio va por un lado y la sensibilidad por otro no es cierto. Cuando más oficio vas adquiriendo más se va desarrollando tu sensibilidad, tu capacidad creativa. Lo primero es tener una inquietud, una necesidad de contar historias… luego ya aprenderás con la práctica a narrar esas historias, ya sea mediante dibujos o palabras. Lo de que lo más importante es la práctica está en que, por ejemplo, los mejores ilustradores son los de 60-70 años.
- ¿Cuál es tu obra propia favorita?
Yo creo que siempre que haces algo por primera vez es especial… mi primer libro ilustrado “Shola y los leones” es mi favorito: la historia es bonita, porque ocurre en mi barrio de Vitoria y, como ya te he comentado, es mi ópera prima. Tiene mucho de mí. Estaba muy ilusionado porque era la primero que hacía, no me imaginaba que después lo iban a publicar y se iba a traducir en catalán, alemán, turco. Te puedes imaginar lo que sentí. Y en lo que se refiere a literatura… pues también la que significo mi estreno como escritor “Paula en Nueva York”. Paula es mi sobrina y ocurre en Bilbao, así que también es muy personal.
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Autor: Anónimo
Pili
Fecha: 18/11/2006 16:11.
Autor: Manoli
Mikel, Mikel, tu cara ¿con qué te la lavarás? Con esencia de romero y agua de manantial...
Fecha: 18/11/2006 18:38.




