He de reconocerlo

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Voy a pasar de las típicas verborreas y retóricas que normalmente utilizo para esconder mis déficits de escritura. Hoy voy a ser honesto:

Me imagino que tarde o temprano todo el mundo descubre que el estado de ánimo varía "como de aquí a Lima".Unos días te piensas que te vas a comer el mundo, otros crees que eres una pedazo de mierda que no sabe para que vale.LLevo tres días -en terminología económica- en recesión. Cualquier infortunio -por muy leve que sea- me parece una desgracia, lo que supone para mí una vuelta al estado de desánimo, por otra parte muy seductor y embriagador. Me gustaría meterme a la cama y verme un par de películas. Pasar de luchar. O mejor, cascármela mientras leo a ese socio-fascista (esto es un guiño a mi amigo Ignatius) que es Houellebecq.

Lo que peor llevo son las intrigas palaciegas: la paranoia constante derivada de defender tu status, tu propiedad y tus interes; la desconfianza; el egoísmo; la rapacidad...Lo más triste de todo es que la realidad es esta; no puedes chocar permanentemente contra molinos de viento. Un día de estos te das cuenta que la única posibilidad es dejarse llevar por la corriente de este río apestoso e infestado de pirañas. Hay que ser un tiburón: materialista, racista, y liberal. Con suerte follaré más. Quizá sea ese el camino: conseguir un buen sueldo para poder escapar de vez en cuando. Levantar un muro para quedarme ciego de éxito durante un par de semanas. Disfrutar de mi familia. No luchar por nada   más que lo exclusivamente "natural" : defender mi código genético.

He de reconocerlo: Me habéis vencido, hijos de puta.

 

23/10/2006 23:05.

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Autor: Ignatius

La verdad, no sé bien que decir.
Lo primero es que tu declaración de cambio me suena a claudicación, a pesar de que conlleve la promesa de una vida más satisfactoria. Porque, a la larga, de eso se trata: encauzar nuestros actos hacia una existencia que nos llene y colme nuestras expectativas.
Pero hay que tener mucho cuidado cuando se habla de expectativas. Lamentablemente hoy día, muchos miden los objetivos en tantos por ciento: es la consecuencia lógica de las presiones económicas a las que hemos de hacer frente para desarrollarnos como personas. Si ese sistema es el adecuado, puede mejorarse o está equivocado es otro problema. La realidad, como tú bien dices, es esa.
Es un error grave pensar que cualquiera está fuera de esa realidad. Igual que te decía que todos tenemos parte del personaje literario del que tomo el nombre, también la desconfianza, el egoísmo y la rapacidad forman parte de nuestra naturaleza. Lo triste es que esos atributos se están convirtiendo en norma de actuación a la hora de relacionarse con las personas. Pero el hombre es mucho más.
Entrelíneas, me doy cuenta de que reconoces tener otro tipo de valores muy presentes y que, en buena parte, son la causa de que tengas mi amistad. ¿Pero acaso crees que las pirañas que habitan ese río apestoso no los tienen? Por supuesto. La única diferencia entre las pirañas y tú es que, en mayor o menor medida, deciden obrar en base a otra escala. Porque resulta que ese río apestoso es la vida. Desde que el hombre existe se han cometido las mayores atrocidades, pero también han existido cosas bellas. Claro que el mal es mucho más espectacular que el bien: mientras que las malas acciones pueden llegar a millones de personas, las buenas raramente alcanzan a unos miles. El bien es más difícil de practicar que el mal.
Por eso nunca he estado de acuerdo con la gente que pretende redimir al mundo. Eso es una utopía que otros han intentado y nadie ha conseguido. Es imposible porque, sencillamente, el hombre está detrás de ese bien y de ese mal. Nunca vamos a poder redimirnos como especie, somos la moneda de dos caras.
Ese pensamiento mío no es una claudicación. Aunque sepa que vamos a seguir despellejándonos eternamente, no abandono. El bien sólo es posible en pequeñas dosis y así es como intento practicarlo. Inevitablemente, ese río apestoso de la vida me llevará a relacionarme con gente indeseable que pretenda dañarme y aprovecharse. Eso es algo contra lo que no puedo luchar y lo acepto. Pero me defenderé con uñas y dientes por conservar mi sitio. Incluso, si es necesario, haré uso de sus mismos recursos para ello, sin olvidar, en ningún momento, que yo no soy así. Que no he perdido los valores que me han acompañado y que deseo compartir con los míos, y con la gente que se acerca a mí bienintencionadamente. Esa es la única manera de no convertirse en piraña: no olvides que esa piraña, antes fue hombre.
Así que no lleves tan lejos el cambio y no te olvides de lo que eres. Porque nadie te ha vencido: solamente has decidido ponerte a nadar.

Fecha: 25/10/2006 21:20.


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