Llamando a las puertas del cielo

¿En qué punto del camino te perdiste, Win?
En la crítica de Miami Vice sostenía que los prejuicios políticos y/o culturales nos pueden llevar a engaños y malentendidos; también a cometer verdaderas injusticias con ciertas películas, menospreciándolas por su ideología política cuando no despreciándolas hasta tal punto de no hacer el esfuerzo de verlas. A veces ocurre el caso contrario, y la simpatía ideológica por ciertos directores nos hacen cometer grandes errores, casi irreparables: como alabar una película sólo por simpatía hacia el director o ¡pagar 6 euros ( + 2.50 del viaje del tren) para ver una estupidez del calibre de “Llamando a las puertas del cielo” solo porque se trata- supuestamente- de la película que supone (¿?) la rehabilitación de Win Wenders, otrora un director de renombre con universo propio.
He de ser sincero: me quedé dormido en el cine en tres o cuatro ocasiones; creo que fue una respuesta coherente y lógica de mi organismo que quiso ahorrarme la tortura de 1-permanecer atento ante un cúmulo de imágenes flotantes en la más absoluta nadería, y, 2-la frustración y la impotencia de ver la cantidad de talento visual tirado al cubo de la basura.
Uno se pregunta qué demonios quiso contar el guionista Sam Sephard – también actor protagonista- con una historia tan deliberadamente auto paródico –en la que se confunde surrealismo con sinsentido- y unos personajes tan sinsorgos y sosos, que llegan a tener, en no pocas ocasiones a lo largo del filme, comportamientos verdaderamente estúpidos y antipáticos. ¿Cuál es el problema de Llamando a las puertas del cielo? En un alarde de soberbia y falsa sinceridad diría “la estupidez”, pero pensándolo mejor creo que la respuesta más adecuada sería la de “derroche”: derroche de talento del director del filme, Win Wenders, que malgasta su capacidad para crear espacios visuales -muy personales- evocadores y , de algún modo, desoladores (directamente heredera de su más conocido film, la estupenda “París, Texas” y de una sensibilidad muy cercana a la del pintor Edgard Hopper) ,en una historia banal que provoca el más puro desinterés e insomnio y en la que los personajes parecen preguntarse cuál es su cometido en esta tan inanidad titulada “llamando a las puertas del cielo”. Es curioso que, en cierto sentido, como espectador acabes sintiéndote tan desorientado como los personajes de la película. En realidad todo lo que rodea a este filme parece perdido, extraviado, el director, Win Wenders, también.
* Hablando de prejuicios; más nos valdría a abrirnos a materiales, en principio, menos nobles como el serial televisivo o el anime, de no hacerlo estaríamos cometiendo un crimen: pregúntenselo a los afortunados espectadores que pueden disfrutar -sin ningún tipo de sentimiento de culpa- de esa obra maestra de la televisión que es “A dos metros bajo tierra” o el extraordinario anime “Monster”.




