Corrupción en Miami. Bienvenidos al cine digital (Prejuicios I)

Michael Mann es un director con una definidísima visión sobre el mundo, el sistema y el ser humano. Cada obra de Mann se trata en sí misma de un verdadero continente de cierto sentido ideológico y político/cultural que –irremediablemente- tiene que lidiar con la masa de espectadores ajenos o directamente contrarios a la ideología que destilan las películas del realizador de Collateral.
Me refiero a esos espectadores (entre que los que me incluyo) que juzga las películas por su ideología política: “Esto es una americana”, “Este es reaccionario”, “Este tipo confunde humanismo con ingenuidad…”. Claro está que esos prejuicios, ese “instinto” nos va ahorrar asistir a espectáculos tan lamentables y bochornosos como una película de Michael Bay –por decir uno- o un programa dirigido por Ana Rosa Quintana; no obstante esto nos puede llevar a cometer absolutas injusticias, y a nivel personal –y exagerando- a un pequeño drama por perdernos una película de enorme valor. Por suerte en su día dejé mis prejuicios en casa y me envalentoné a ver “Miami Vice” que, digámoslo ya, se trata de ,a todas luces, de un film absolutamente conseguido, que logra articular las habituales adjetivaciones de su director, por fin, conjugándolos de una manera equilibrada y , a ratos, deslumbrante; Mimi Vice: tan comercial como artística; tan espectacular y vibrante como íntima y personal.
Volviendo al tema con el que abría la crítica: El gran problema de la versión cinematográfica de Miami Vice, realizada por Michael Mann, son los prejuicios que conlleva que esta obre sea por una parte; un –virtual- remake de una archiconocida serie de televisión, de mucho éxito en los 80, con un hortera (analizándolo desde ahora) estilo visual y de una ideología, por decirlo así, notablemente discutible., y por otra parte, que sea un artefacto cinematográfico absolutamente comercial. Por suerte, Michael Mann, matiza ambas cuestiones: pese a que muestra un mundo equivalente al de la serie de los 80, -eso sí, actualizándolo,- se encarga de componer un muy personal estilo visual -ya ensayado junto a su habitual director de fotografía Dion Beebe en la notable Collateral- más cercano al cine digital que al cine de celuloide; por otra parte respecto a ese afán supuestamente comercial: lo espectacular queda supeditado al desarrollo narrativo y a la que es que es la verdadera constante temática de Michael Mann: la dualidad: el relato fílmico como descripción de dos personalidades que entran irremediablemente en conflicto, entendido este conflicto como enfrentamiento moral.
¿Qué es en realidad Miami Vice? Puede que –si no nos desprendemos de nuestro prejuicios- la veamos como una película que muestra a dos polis yuppis en un mundo neoliberal- deshumanizado y ostentoso- a través de formas post-cinematográficas (video de high definition, color digital) que nada tienen que ver con el arte ; si somos capaces de obviar la “ideología” encontraremos en Miami Vice lo que realmente es: una bellísima descripción de dos relaciones amorosas antagónicas-una realizable, otra imposible- en un relato ,-que roza lo abstracto-, envuelto en una carcasa de alta definición, tan vistosa y espectacular como adecuada y plena se sentido.
Un film ejemplar.




