¿Es positivo que reduzcan los impuestos?

“Votadme, y os bajaré los impuestos”
Posiblemente uno de los lemas a los que más recurren los partidos políticos en épocas de elecciones es ese de, “si me votáis bajaré los impuestos”. Curiosamente es una de las pocas promesas electorales que suelen cumplir los partidos políticos. El PSOE también ha cumplido esta máxima, pactando hace pocas fechas una nueva Reforma Fiscal que promete una rebaja media del 6% para los contribuyentes y del 35% en el impuesto de sociedades.
Sé cree que bajar los impuestos es una buena cosa para las clases desfavorecidas, que tendrán, así, más posibilidades de llegar a fin de mes.
Tristemente cuando se nos habla de bajar los impuestos se nos ocultan ciertas informaciones, vitales para poder juzgar dichas medidas.
-¿Qué tipos de impuestos se van a reducir?
-¿Cuáles son las consecuencias de recudir esos impuestos?
¿Qué tipos de impuestos se van a reducir?
Esencialmente existen dos tipos: Impuestos directos e indirectos.
Directos
Impuesto Sobre la Renta de las Personas Físicas,- Impuesto Sobre el Patrimonio- Impuesto Sobre Sociedades- Impuesto sobre Sucesiones y donaciones.
Tienen la particularidad de gravan la obtención de renta (bienes y derechos), a excepción del Impuesto sobre el Patrimonio, que grava la mera posesión de dichos bienes y derechos. También tienen la particularidad de que son progresivos, es decir a más ingresos se paga proporcionalmente más; con la única excepción del Impuesto Sobre Sociedades que tiene con carácter general un tipo fijo único, por lo que es un impuesto proporcional, no progresivo. Los impuestos directos que habrá que pagar, dependerán de lo que se llama “la capacidad contributiva de la persona”, que se mide en este caso por lo que gana o por lo que tiene esa persona.
Indirectos
Los principales impuestos indirectos son los siguientes:
Impuesto Sobre el Valor Añadido (IVA),- Impuesto Sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados.
Estos impuestos gravan la circulación de bienes y derechos por un lado, y el gasto del dinero o la renta que tengamos por otro.
Son proporcionales, es decir se aplican tipos impositivos constantes (por ejemplo en el IVA con carácter general el 16%, aunque puede ser también el 7%, o el 4%), y son independientes de la situación personal de cada uno, por lo que se suelen considerar como más injustos.
Cuando se ha hablado de recudir los impuestos, lo que realmente se ha producido es la reducción continuada de un solo tipo de impuestos, y estos han sido, cómo no, los impuestos directos, es decir, aquellos impuestos que se gravan-de forma progresiva- según las ganancias de cada uno. A mayor ingreso, mayor porcentaje de impuestos a pagar. Por ejemplo: Ganado 600 euros se pagaría un 10%. Ganando 1.000.000 de euros un 50%.Sin embargo, con las nuevas reformas fiscales y a ese cebo electoral de “bajar los impuestos” lo que realmente se ha realiza es una rebaja en el porcentaje del impuesto que grava las rentas más altas. Se disminuye así la contribución de los más ricos a las arcas del estado.
Con la última reforma fiscal del PSOE pactada con CIU (que es la misma que la del PP pero con algo de maquillaje) se establece un tipo único del 18% para las rentas de capital (rentas producidas por la acumulación de dinero), se reduce el impuesto de sociedades (el IRPF de las empresas) y se baja el tipo máxim0 del IRPF del 45% al 43%, o sea que teniendo más pagarás menos .Por el contrario se habla de un aumento de los impuestos indirectos para compensar los ingresos del Estado: Hacer la compra nos costará más, y en el Súper no nos miraran los ingresos para cobrarnos un porcentaje de impuesto u otro.
Parece claro quienes son los beneficiarios de estas políticas.
Consecuencias de la reducción de los impuestos directos
Con el sistema de impuestos en general y, especialmente, con los impuestos progresivos sobre la renta se ha conseguido lo que se ha llamado “Estado del Bienestar”:Un Estado más o menos benefactor que asegura a sus ciudadanos una educación y una sanidad gratuitas entre otras cosas.
En este país no se ha llegado a desarrollar el Estado del bienestar, y algunos ya quieren derribarlo a base de reducciones fiscales sobre los más adinerados, poniendo como excusa agilizar la economía para pagar los excesos de un Estado “derrochón y corrupto”.
Si en España no se ha llegado a establecer totalmente un Estado de Bienestar ha sido por el pírrico gasto social y la excesivamente endeble presión fiscal sobre los más ricos, no por la falta de contribuyentes en la Seguridad Social y el excesivo número de Jubilados como se ha venido diciendo.
Si como ciudadanos optamos porque los hospitales sean un negocio privado, que cada pareja pague la escuela del niño y el cuidado del abuelo, obviamente deberíamos exigir menos impuestos y una menor presión fiscal .Por el contrario, si optamos por mantener y desarrollar el Estado de bienestar y tener ciertas necesidades garantizadas, bien haríamos en hacer caso omiso a los cantos de sirena de los amantes de la privatización total (“Págueme usted por todo”), y exigir al Gobierno sus obligaciones sociales. Si no ¿para qué queremos Estado?



