La inmigración: falacias, manipulaciones y malos entendidos

"en el capitalismo hay una cosa peor que ser explotado por un capitalista: no ser explotado por nadie"
Joan Robinson (Economista)
A comienzos de este año, 2006, el diario El Mundo, siguiendo con su habitual política de agitación, publicaba los resultados de una encuesta realizada por el CISS sobre la cuestión de la inmigración en España: según el sondeo, casi el 60% de los españoles cree que en España hay demasiados inmigrantes, conviertiéndose así dicho "problema" en la segunda mayor preocupación de los ciudadanos por detrás del paro y desbancando al terrorismo.
El primer aspecto que habría que cuestionarse ante dichas cifras (y su "manipulación") es cómo se crea en el imaginario colectivo ciertas ideas e impresiones, en este caso, sobre la presunta avalancha de inmigrantes que nos viene y un segundo aspecto, como se nos conduce a un pensamiento único, a una manera de reaccionar ante lo que pasa a nuestros ojos (sobre todo lo que pasa en televisión).
Primer aspecto: Si echamos un ojo a las cifras estadísticas respecto a los números de inmigrantes en el estado y el tanto por ciento que respresentan respecto a la población total veremos, que, lejos de la impresión que nos causa la televisión, el número de inmigrantes es todavía lejano al de otros países de la U.E como Francia y Bélgica, que en décadas anteriores -está bien decirlo- absorvieron gran número de personas procedentes de todos las comunidades de España. Si atendemos exclusivamente a la estadística España ya estaría practicamente equiparada a europa en tanto por ciento de inmigrantes, pero no es menos cierto que esos países llevan casi 35 años de adelanto, con lo que la cantidad de ciudadanos no-nativos ya nacionalizados ya no es tenido en cuenta para las cifras de inmigración, por ejemplo: los millones de españoles ( e hijos) ya nacionalizados como Franceses, Suizos, Alemanes y Belgas.
Es necesario advertir que el fenómeno de la inmigración extranjera en España sea prácticamente nuevo, de ahí, el alto porcentaje de ciudadanos no mativos , o lo que es lo mismo, difentes a lo que estábamos acostumbrados a ver. El verdader problema no es el número de inmigrantes que recibimos, sino que lo novedoso de la cuestión, de ahí la reacción de la sociedad ante un fenómeno del que tiene poco conocimiento y , hasta ahora por lo menos, escasas directrices a seguir.
Respecto al gran número de inmigrantes en nuestra sociedad, qué mejor que echar un vistazo a las estadísticas por ver si esa sensación es cercana a la realidad.
Datos de inmigrantes en Euskadi
Euskadi
Pob. total: 1075286
Pob. Extranjera: 20066
- % respecto población autóctona de la Comunidad:1.87%
- % respecto pob. extr. total:0.80264%
Bizkaia
Pob. total: 1132861
Pob. Extranjera: 28876
- % respecto población autóctona de la Provincia.2.55%
- % respecto pob. extr. total:48.81%
Gran Bilbao
Pob. total: 352317
Pob. Extranjera: 13049
% respecto a respecto población autóctona de la Comarca.
Pob. munic.: 3.7%
Inmigr. Bizkaia: 45.19%
Inmigr. C.A.P.V.: 22.05
Segunda aspecto: También es criticable la falta de debate en torno a la búsqueda de soluciones ante la cuestión de la inmigración, haciéndonos creer que el único remedio ante tal avalancha de personas no es otra que promulgar nuevas leyes de extranjería/inmigración para evitar la entrada ilegal de personas y "solo" permitir la entrada de personas con contrato de trabajo. En esencia, el PSOE ha mantenido La política de inmigración y extranjería del PP. La última regularización de inmigrantes llevada a cabo por el gobierno así lo confirma si prestamos atención a los requisitos impuestos los trabajadores extranjeros.
Ley de inmigración:
Requisitos de la reglamentación que entrará en marcha el 1º febrero hasta 30 de abril del 2005 para obtener permiso de trabajo
-Figurar empadronado en un municipio español al menos seis meses antes de la entrada en vigor del Reglamento de la Ley Orgánica, es decir antes del 1º de febrero.- Hay que estar en España en el momento de la solicitud.
- Que el empleador haya firmado un contrato de trabajo con el trabajador por un periodo mínimo de seis meses. En el sector agrario, el contrato podrá ser de tres meses. En construcción y hostelería, compromiso de contratación de seis meses en periodo de doce meses -por ser fijos discontinuos-. En empleadas de hogar, también se contemplará el supuesto de que trabaje en más de un hogar (Se exige sumar 30 horas mínimas a la semana).
Una vez presentados los requisitos si su resolución es favorable (no antes), se exigirá la afiliación y/o alta del trabajador en la Seguridad Social en un plazo máximo de un mes.
El permiso de trabajo tendrá una vigencia de un año.
Queda en duda si estos requisitos son realmente una propuesta para promover la legalidad de los trabajadores , o, si por el contrario, levantar aún todavía más barreras al inmigrante para que pueda acceder a la ciudadanía y , así, acceder a una serie de derechos que le aseguren protección frente a los abusos de la economía.
Para qué sirven realmente las leyes de inmigración
En relación con la mano de obra, la creciente obstaculización que se está llevando a cabo en los países de destino, a través de leyes de extranjería es una clara lucha, no contra la inmigración, sino contra la inmigración legal. Los requisitos y los cobros de servicios estatales se van creando y acumulando unos sobre otros, hasta hacer que inmigrar de forma reglada no resulte interesante, especialmente, para aquél prototipo de trabajador que hemos conjeturado como racional. Paralelamente, están haciendo su negocio las mafias dedicadas a la extorsión de inmigrantes clandestinos y -con cargo a fondos públicos- las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) encargadas del asesoramiento y acogida de inmigrantes legales e ilegales.Falacias en torno a la inmigración
A una coletilla muy socorrida por la derecha - y aceptada ya como pensamiento común- que dice algo así como que los inmigrantes "ocupan" los trabajos que los españoles no quieren, de manera que son los únicos que quieren y , consecuentemente, pueden levantar determinadas tareas productivas. Si no fuera por ellos, dichas producciones no podrían llevarse a cambio. O sea que los no inmigrantes rechazamos ciertos trabajos por la esencia misma de ellos, por su naturaleza, es decir, por considerarlos indignos o de tercera clase.
Sin embargo, la razón del rechazo es muy diferente, y , a mi entender, tan sencilla que no la percibimos. En palabras de Juan Torres López (Catedrático de Economía de la Universidad de Málaga) "No se rechaza el trabajo en general, sino puestos de trabajo de salario insuficiente para lograr el mínimo bienestar, o que en ausencia de servicios complementarios (guarderías, servicios personales a la población anciana,...) no pueden ser ocupados por población que resulta forzosamente inactiva. Lo relevante es que se ha configurado un mercado laboral de tal manera que un segmento del mismo sea de naturaleza extraordinariamente precaria con el obvio objetivo de obtener una alta rentabilidad del mismo sin tener que realizar inversión alguna orientada a aumentar la productividad. De hecho, no todos los trabajos que ocupan los inmigrantes son de baja cualificación o que intrínsecamente requieran personal poco formado. Una gran proporción de ellos se corresponde con la sustitución de un verdadera sistema de servicios de bienestar social por otro de cuidados y servicios personales descualificados"
Lejos de "aprovecharse" de trabajos de clase baja que nosotros rechazamos, los inmigrantes son objeto y objetivo de fuerzas económicas que pujan por tener una mano de obra precaria y sin derechos sindicales, laborales, constitucionales, o en , definitiva, humanos para mantener una alta rentabilidad económica ( o sea mucho dinero) sin tener que hacer grandes inversiones productivas. Además los inmigrantes cumplen un doble papel hasta ahora no advertido: uno, el ya comentado de mantener aflote mercados precarios, y 2, servicios sociales que no abastecidos por el estado: especialmente el cuidado de niños y ancianos.
En definitva, lo que necesitan esos sectores precarizados son gente desesperada de alto capital humano y escasa derecho humano. Para perpetuar estos tipos de sectores productivos, tan necesarios para la buena marcha de los datos macroeconómicos del país , datos , por cierto, bien alejados de la prosperidad de la sociedad, que ve como la economía sigue subiende y a la par sus bolsillos y sus condiciones de vida descendiendo de manera alarmante.
Para tener gente desesperada, qué mejor que dotarse de leyes que aseguren un buen ejército de trabajadores sin derechos y tan asociados por los medios a la delincuencia. Leyes como Ley de extranjería o Ley contra la inmigración ilegal que tantos ilegales produce. Tanto es así, que incluso la existencia de un abundantísimo número de inmigrantes irregulares o "sin papeles" es algo consentido, deseado y me atrevería a decir que alentado por una parte importante del propio empresariado (Juan Torrés López dixit)
Alfonso Galindo Lucas ,profesor de Finanzas y Contabilidad en la Universidad de Cádiz, cree que
"Las leyes de extranjería no persiguen frenar la inmigración, a fin de proteger la posición del trabajador nativo, en el mercado laboral. A veces, la opinión pública lo percibe de esta forma y eso permite que sean permisivos o incluso manifiestamente favorables a esta desigualdad de trato que representan las leyes de extranjería. Ven la inmigración como la causa principal del paro, cuando en realidad son las políticas de inmigración las principales causantes de las rebajas salariales y la inestabilidad laboral.En la "aldea global", las transacciones relativas a bienes e inversiones están prácticamente liberalizadas, de manera que los trabajadores, en términos generales, siempre están compitiendo, sin necesidad de viajar. En la recolección agrícola o los procesos fabriles, la mano de obra de otros países ya viene compitiendo implícitamente en los precios de las mercancías que importamos o en las decisiones de localización de las empresas multinacionales, "sin necesidad de que se produzca la movilidad de la mano de obra Únicamente en los servicios domésticos, en la hostelería y en algunas operaciones puntuales no mundializables (asesoría jurídica y otros servicios que sólo se prestan en el país en que van a ser útiles) puede suponer la inmigración una competencia para el resto de trabajadores"
Otra falacia consiste en suponer que la desventaja implícita en las Leyes de extranjería sólo afectan al trabajador inmigrante, puesto que las leyes de extranjería añaden una amenaza adicional a las condiciones de los contratos de trabajo locales: La precariedad de partida abarata la mano de obra importada: Cuando el contrabandista se ve con los funcionarios de resguardo aduanero pisándole los talones, se da prisa en vender más barato de lo habitual; de la misma forma, cuando el trabajador circula en el mercado en un estado de clandestinidad es más proclive a padecer abusos, ante la imposibilidad de denunciarlos. A igualdad de condiciones (por ejemplo, entre hispanohablantes), el trabajador inmigrante será preferible, al resultar más barato.
Soluciones al problema
¿Cómo es posible mantener los ojos cerrados ante el problema de tener una legión de desheredados capaces de morir para acceder a un trabajo? ¿cómo es posible mirar para otro lado y no reconocer que su sufrimiento es producto de las contradicciones de un sistema tremendamente injusto?
A nuestro entender, las primeras medidas a tomar para acabar con la ilegalidad, es abarcar un proceso de 1)apertura de derechos, proceso en la que todos puedan "disfrutar" de unos mínimos derechos para luchar en una verdadera igualdad de condiciones a la hora de encontrar empleo, tanto para nosotros , como para ellos. 2) Establecimiento de un Salario mínimo común a todo tipo de ciudadano. 3)Políticas de desarrollo con los países de origen de los inmigrantes.
Si vivimos en un mundo globalizado en el que hay libertad total para el movimiento de capitales, de empresas y mercancías, porque no extender ese liberalismo a las personas y a derechos humanos, así como a un salario mínimo global...



