STEVEN SPIELBERG’S MUNICH

“REFLEXIONES EN TORNO A LA VIOLENCIA Y A LA FAMILIA”
EN TORNO A LA POLÉMICA
Encontrar la verdadera razón por la que Spielberg decidió adaptar este (uno de tantos) episodio de lucha entre Judíos y Palestinos, es tarea harto complicada. Habrá quienes digan que no es más que una de las –ya habituales- artimañas utilizadas por el director estadounidense para conquistar la taquilla, atacándolo de oportunista, de aprovecharse de temas candentes, polémicos y de gran calado moral para “extraer” los mejores réditos en taquilla. Ya en el estreno de la excelente “La Lista de Schindler” hubo quien le tachó de “bon vivant” y ser como el protagonista de ese filme que “se aprovecha de los judíos” para lucrarse económicamente. Otra parte de la crítica creerá ver en Munich una nueva etapa de Spielberg hacia la madurez, hacia nuevos temas más comprometidos políticamente/socialmente creyendo que dicho filme se aleja diametralmente tanto en pretensiones como en calidad cinematográfica a su otra vertiente temática: el cine de evasión, en el que encontramos notabilísimos filmes como Tiburón (1975), Encuentros en la 3ª fase (1977), E.T (1982) Minority Report (2003), etc.…
Unos y otros coinciden en un aspecto: la escasa seriedad con la que se han tomado a Spielberg, equivocando lo que son los temas, argumentos con la forma de narrarlos, menospreciando a un “auténtico” cineasta solo por mostrarse como alguien “ligth” (en palabras de Santos Zunzunegui) o si se quiere blandito, sentimentaloide e infantil: determinadas características intrínsecas al cineasta y que –he de admitir- lastran a menudo sus excelentes cualidades cinematográficas. Yo también de confesar que tengo mis reservas frente al cine de Spielberg pero ello no es impedimento para aceptar sus cualidades como cineasta más allá de su maniqueísmo, y la tendencia a la manipulación que jalona toda su obra.
Si uno observa con atención gran parte de los filmes de Spielberg pronto se da cuenta que las razones por las que el director elige uno y otro tema -más allá de apetencias personales por un género u otro o momento histórico- importan muy poco: sean los que sean los argumentos de sus filmes estos siempre giran en torno a las obsesiones de Spielberg (lo que demuestra una clara muestra de autor) que canibalizan y se imponen a los otros posibles temas que puede ofrecer el guión. Estas marcas-obsesiones se pueden resumir a 3 o 4 temas: la familia centrado sobre todo en la responsabilidad moral del padre y la ausencia de la madre, una fuerte presencia mística del poder de un Dios absoluto y misericordioso y la pérdida dolorosa e insoportable de la infancia y con ello de ser el centro exclusivo del amor de la madre.
Munich ha supuesto para Spielberg la enésima oportunidad para reflexionar sobre la el rol del padre –del hombre, su moral y sus responsabilidades- dentro del seno de la familia, aunque en esta película las abstracciones familia y padre responsable adquieran nuevos significados como pueblo-nación (familia) y padre (estado violento y moral)
UNA HISTORIA DE VIOLENCIA
En la última película de David Cronenberg, un padre de familia (Tom Stall- Viggo Mortensen) se veía obligado a reaccionar violentamente ante la llegada de elementos de su pasado. Poco a poco, según iba desarrollándose la película, la violencia iba haciendo mella en el núcleo familiar “pervirtiendo” las relaciones sociales de los distintos componentes del núcleo familiar. Al igual que Tom Stall., Avner Kauffman (Eric Bana) se siente obligado a reaccionar ante el sufrimiento de su pueblo cuando, durante los juegos olímpicos de Munich, una cédula armada del grupo terrorista palestino “Septiembre Negro” secuestra y asesina a once atletas de Israel. La tragedia conmueve al mundo. Pero el suceso de violencia y drama no acabará ahí: Avner -casado y una mujer embarazada será el “jefe” de una banda contraterrorista sueldo de Israel que tiene como encargo eliminar a los cerebros de los atentados de Munich.
En un principio el Grupo encabezado por Avner ejecutará uno por uno sus objetivos, sin embargo el estrés provocado por la violencia hará mella en el grupo surgiendo interrogantes en cada uno de ellos.
¿Cómo sabemos si son ellos los que idearon los atentados? ¿De qué sirve asesinarlos? ¿Hasta cuando tendremos que luchar? Es en este punto donde se centra toda la cuestión moral que ha servido a los judíos de ideología más extremista como excusa para tachar el film de manipulador y simplista.
Puede que Spielberg no sea el cineasta más apropiado para tratar temas tan peliagudos como el conflicto árabe-Israel- , de ahí que Spielberg huya de un tratamiento político anteponiendo los “pequeños” dramas humanos a los mastodónticos e incomprensibles conflictos políticos. El cineasta de Tiburón centra toda su atención en el drama humano del grupo de asesinos comandados por Avner y. Aunque pueda caer en estereotipos, en ramplonería- en el progresivo proceso de deshumanización que van sufriendo las personas forman dicho grupo. Ahora bien, no sería honesto no indicar cierto maniqueísmo dentro del tratamiento de los personajes: Spielberg dibuja al pueblo Judío como un pueblo susceptible y , por ello, violento , mientras que el pueblo árabe es un pueblo , siendo también humano y sufrido, es un pueblo sumido en la sinrazón y en la barbarie.
Muchos de los críticos han elogiado la encomiable crudeza con las que Spielberg pone en escena los asesinatos perpetrados por el grupo de Avner, destacando la crueldad con la que viste a los personajes, ejemplo de ello es la estupenda secuencia de la eliminación de un mercenario holandés. Nunca Spielberg había logrado con anterioridad mostrar a sus personajes ( a él mismo) como auténticas alimañas, sedientas de venganza aunque posteriormente, eso sí, les otorgué ciertas motivaciones en una secuencia que ha sido muy discutida tanto en la forma como en el fondo.
Quien se extrañe al escuchar que el eje temático de la obra de Spielberg es , sobre todo en sus últimas películas, la familia bien se ha podido atragantar al ver la secuencia en la que Spielberg realiza un montaje paralelo-alterno-ideológico entre el instante que Avner y su mujer hacen el amor , y el asesinato de los deportistas israelíes por parte de “Septiembre Negro”. A esta secuencia la han calificado de “bochornosa”, “borrón”, “chapucera”, y que nada que tiene que ver con el tono de la parte precedente de a película. A mi entender, es la secuencia que culmina la perspectiva, la mirada de Spielberg, en torno al conflicto humano (más que político) y al problema de la violencia (más que de el terrorismo). Puede que sea más o menos acertada, o de más o menos gusto, pero no por eso deja de ser incoherente con el discurso que se desarrolla a lo largo del filme. La violencia –supuestamente necesaria para la supervivencia de la familia-nación- y la familia-carne, acaban por fundirse y ser solo uno, afectándose mutuamente formando un círculo cerrado de sinrazón y paranoia.
Normalmente todos los finales de los filmes de Spielberg son tachados de acomodaticios, impostados e incluso de “vomitivos”, este no va ser diferente. Vayan a verla, y, si quieren, vomiten, pocas películas permiten disfrutar…sensaciones como esas.
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Autor: Jorge Oter
A) cineastas que priorizan la historia (lo que dicen)
B) cineastas que priorizan la enunciación (cómo decir).
A mi modo de ver, Spielberg entra claramente en el segundo grupo. A pesar de contar con películas con excelentes guiones (pónganse los ejemplos de las películas de Indiana Jones o la reciente Minority Report), su talento no reside en la transmisisón de un mensaje, sino en la creación de un vehículo formidable e hipnótico que cautiva mucho más que lo que éste vehicula. Pienso, por tanto, que que cuando se ve el cine de Spielberg se ha de "mirar" en ese sentido. Una película de contenido tan insulso como La Terminal ofrece un espectáculo grandioso en cuanto a lecciones de dirección cienmatográfica, como sucede con la criticada La Guerra de los Mundos, filigrana, recital visual de un genio inapelable.
¿Quién busca semejantes movimientos de cámara en el cine de Bergman? ¿Por qué alguien iba a exigirle a Godard historias mínimamente conexas en sus filmes? O, cambiando de esfera, ¿por qué se critica la falta de complejidad musical de Bob Dylan, cuando él mira hacia otro lado, cuando eso ni siquiera le importa?
No veo por qué se lastra el cine de Spielberg como se hace, tachándolo de infantil, conservador, etc. Puede que sea así; puede incluso que le convenga ser así, pero es que su cine inplica eso. Como director, es bien sabido, asume una total responsabilidad sobre la obra, es bien cierto. Tal vez no sea un artista total, pero con esas historias en ocasiones criticables hace productos envidiables. Spielberg es las dos cosas: sus historias y Spielberg.
Fecha: 06/06/2006 18:17.



