Jarhead

POSTALES DE LA GUERRA
Tengo miedo. Esta es mi primera crítica cinematográfica. Antes de iniciar este texto he tirado a la basura más de cuatro borradores de la crítica. El miedo me atenaza.Y es que el cine me encanta y , sobre todo, la teoría y la Crítica cinematográfica. Para que os hagáis una idea, esto es como la "primera vez": te gusta tanto la chica y deseas tanto "estrenarte" que la visión se te nubla y los nervios se disparan de tal manera, que piensas que lo mejor que te puede pasar en ese momento es que Dios baje del cielo y te conceda "tiempo muerto". Por suerte, el ser humano adquiere una especial percepción de los recuerdos cuando ,pasado el tiempo, logra adquirir cierta distancia emocional frente a esas experiencias del pasado. Así, experiencias que en el momento nos parecieron aterradoras (tu y tu chica solos en una casa que te han dejado y casi obligaso a... hacerlo) años después al visualizarlas -con el debido filtro nostálgico- nos parecen experiencias tiernas propias de un tiempo memorable y adquieren -es imposible negarlo- un toque "pastel". Sin embargo, no es menos cierto que en ciertas ocasiones, ciertos recuerdos, determinados retazos de memoria adquieren un tono gris, por no decir oscuro, en nuestras mentes y , en el recuerdo, en la imagen que permance en nuestra retina todo, se torna del color que más odiamos.Todo esto viene a cuento de la última película de Sam Mendes, que resumiéndolo mucho, nos cuenta las peripecias de un joven estadounidense de nombre Anthony Swofford, -hijo y nieto de veteranos de guerra- durante su entrenamiento castrense -para convertirse, en palabras textuales del fim, en una "máquina de matar"- y su estreno como soldado en la guerra del Golfo (perpetrada por Bush Papá) en 1990.
El relato de Tony Swofford (que por cierto es un personaje real) entronca con el ya arquetípico relato iniciático de guerra, como pueden ser Platoon (Oliver Stone.1986), La Chaqueta metálica(Stanley Kubrick.1987) o ,esta menos conocida, Los chicos de la compañía C (Sidney J. Furie.1978). Todos estos filmes vienen a contar lo mismo, las crudas vivencias de un joven en la guerra que le llevan al despertar, a una madurez o una determinada lucidez. Lo que ocurre en este film, al contrario que en los citados anteriormente, es que , paradójicamente, esa crudeza, ese infierno (en el que destaca sobre todo una frustración, una impotencia) que relata el avispado cabo Swafford, -crudeza en la que destacan la aridez inhumana del desierto, las tormentas de petróleo, o los campos de crudo en llamas dominando el horizonte- está mostrada de una forma tan bella, tan "pastel" que hace que todo ese dolor, todo ese infierno e insensatez que se nos intenta mostrar quede sin valor.
Las citas que se hacen a lo largo del film a Apocalise Now (Los soldados se divierten viendo Apocalipse Now), la alucinógena visión de la Guerra de Vietnam, no son gratuitas, Mendes intenta hacer suyo el discurso fílmico de Coppola, intentando reflejar con las mismas armas (fotografía impactante, secuencias surrealistas) el desastre de la guerra. Sin embargo lo que cuenta Jarhead no es lo mismo que cuenta Apocalipse Now. Apocalipse Now habla sobre la locura, sobre el horror del ser humano, mientras que Jarhead cuenta el absurdo de la guerra en sí, no de la locura, de la raiz del mal humano, sino de un absurdo. Y lo que es coherencia fílmica en una , Apocalipse Now, se convierte en la otra , Jarhead, en un cúmulo de imágenes "acongojantes" , espectaculares que , sin embargo, no dicen nada y nada tiene que ver con lo que cuenta la narración. Lo que vale para una, no vale para la otra.
Una pregunta que me hago yo -y que recomiendo a mis amigos- cuando veo una pelicula es: ¿cómo mostraría yo ese sentir, ese mensaje que quiere mostrar la peli? Esa es la pregunta que se tiene que hacer todo espectador con "ganas". Ahora intentemos pensar juntos: Sam Mendes ha optado por reflejar el infierno o una experiencia terrible (aunque de esa experiencia el soldado se aproveche para extraer una identidad personal) con una estética que tristemente se convierte en imágenes - como he citado anteriormente, muy influenciada por el tratamiento adrenalítico y fascinantemente de Apocalipse Now- muy de tarjeta postal. ¿No habría otra opción? ¿es que el dolor tiene que ser bonito? ¿es que el propio espectáculo se tiene que situar siempre por encima del sentido de lo narrado?
Es cierto que al director se le notan intenciones, soltura en la dirección (el film nunca chirría) pero no es menos verdad que todo lo que cuenta deja de tener sentido, cuando la convención, las ganas de gustar y ganar premios (rescatando el estilo de American Beauty) emborronan toda la - basada enhechos reales- narración de un soldado que , muy por encima de todo, ha vivido un maltrato y olvido solo dignos y propios de épocas bélicas.
No todo lo que resplandece es oro.
Como el soldado Swofforf tengo miedo. Acabo de terminar esta primera crítica. Justo al teclear las últimas palabras del párrafo anterior, mi hermana ha asaltado mi habitación y me ha sacado una foto. Dice que la va a llevar a su exposición de retratos.La acabo de ver ahora (es una foto digital) mi cara no es divertida, parezco triste. No divierte mirarla. ¿Creen que debería retocarla? Si la deja así, seguro que no la compran. ¿Ustedes la comprarían?
11/01/2006 17:45.
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Autor: Mikel Lloret
Por mucho que intentes convencernos, todos sabemos que aún eres virgen.
Fecha: 12/01/2006 19:04.
Autor: Mikel Lloret
Ahora en serio. No he visto la peli, así que poco puedo decir de, ésta, tu primera crítica. Sólo que "America Beaty" me gustó, que el 99% de las películas bélicas producidas después de "Apocalipse Now" le deben algo a Coppola y que no es que el dolor tenga que ser bello, pero por supuesto que puede serlo: valgan de ejemplo "Vivir", "La canción del camino" o "El silencio de un hombre". Otra cosa es que Mendes no sea ni Kurosawa, ni Ray, ni Melville.
Fecha: 13/01/2006 00:55.




