Un personaje asqueroso, un relato -según Mabel- desagradable

20051203175352-ratita.jpg

LA RATITA QUE UN BUEN DÍA ENCONTRÓ A SU DIOS

No era una rata cualquiera, era una rata enorme y peluda, de aspecto rancio y obsceno. Era extraño verla corretear por la casa sin ningún tipo de estupor ante su propio aspecto. Tal vez se debía a que no tenía verdadera conciencia de sí misma, no sabía ni quién era ni a dónde le llevaba esta vida.

A veces se quejaba del sentido de su vida, de pasarse la vida de un lado para el otro con la mente solo puesta en buscar comida, encontrar el mejor de los machos para que la cubriera y evitar, si pudiera, los ataques de los humanos. Los gatos habían dejado hace tiempo de ser una amenaza para ella. La entristecía brutalmente el hecho de que no hubiera gato en la ciudad, ya sea gato doméstico o asilvestrado, que no se hubiera hecho un vago gracias a las limosnas de los humanos. Recordaba con nostalgia aquellas evasiones, aquellas –ya lejanas en el tiempo- persecuciones de los gatos en pos de la carne sabrosa y tierna que escondía debajo de su peluda y asquerosa piel. Entonces –se decía sí misma- no había tiempo para pensar, ni para hablar de metafísica y, ni siquiera, para escuchar la canciones de las termitas que brotaban por la madera podrida de la casa. ¿Dónde estarán Bartolo, Giorgo y todos esos hijos de puta que le perseguían tan a menudo? ¿Qué fue de esa zorra de gata llamada Romina que tantas emboscadas le preparaba?. Corría el rumor por las tuberías y los garajes que la falta de coraje de los gatos se debía única y exclusivamente a un estado anímico común entre todos los míninos. Pero ella no quería creerlo. Aunque no pudiera pensar, ni alcanzar pensamientos abstractos, el olfato le decía que aquellos gatos salvajes no podían haberse convertido en vagos (en chusma como le gustaba decir a ella) que pasaban el día mirando el sol, reflexionando sobre su propia existencia y especulando sobre sus propios enseres y posesiones. No quería creerlo. Ni podía. El movimiento de las colas de los gatos le decía lo contrario. Algo raro había pasado. Pero ella no podría averiguarlo, estaba en época de celo y solo pensaba en tirarse a un buen ratón, un ratón que tuviera un fuerte olor corporal y un pelo frondoso y sucio. Eso era lo que le indicaba su escaso cerebro: “Fóllate a todo bicho viviente”. El caso es que el malestar por las grasas acumuladas (de dejar de correr delante de los gatos) le decía que algo raro pasaba.

El ensordecedor rugido de los tubos de escape, procedentes de los coches, despertó a la rata A su lado encontró algunas heces que olían a macho. Le vinieron a la cabeza el hedor del macho que se había tirado la noche anterior, asoció el olor al dolor de las heridas de las patas producidas por las uñas del macho al agarrarla para que no escapara durante el coito. Lo único que sentía era dolor vaginal y hambre, mucha hambre. Retiró con rapidez las heces del macho para que las moscas no asaltaran su guarida y chafaran con sus cagadas las provisiones que guardaba para sus 10 crías, que no hacían más que comer y dormir en la morada que tan afanosamente había preparado con basura durante meses. Estaba cansada pero apenas tenía tiempo ni sentido de la reflexión para pararse a pensar en ello. Corrió a la calle tras alimentar a sus crías para buscar alimento para aumentar las reservas y aplacar su hambre.

Correteaba por las tuberías de la casa con precaución y sigilo, aunque hacía tiempo que los gatos no intentaba atacarla, el instinto siempre le recomendaba actuar con cuidado y sin demora en sus acciones. Aún sin gatos, el recorrido era peligroso, las tuberías tenían algunos segmentos cortantes con los que tenía que tener especial atención. Podían producirle una herida que podría infectarse. Ya había pasado por ello. Sabía de lo qué hablaba.

Sabía que era incapaz de pensar, pero el hecho de conocer la filosofía Nietzscheniana -todo lo que no me mata me hace más fuerte- le hacía dudar de sus propias convicciones. A veces, se aterraba pensando en tener una propia conciencia, pero de inmediato, se reía entre dientes y correteaba en busca de una nueva alcantarilla que investigar.

Cuando una rata sale de una tubería a lo que es la calle -con todas las peculiaridades que tiene la palabra calle para una rata- es como si un humano sufriera los efectos de un litro de ácido lisérgico en menos de un segundo, te sientes totalmente desorientado, tu vista se nubla y tus oídos explotan por la multitud de sonidos inidentificables. Por un segundo, la rata se quedo inmóvil esperando que sus sentidos se readaptarán al nuevo medio, un medio que era , a la vez, aterrador y maravilloso, tan lleno de peligros como de divertimentos de todo tipo. Todavía pensaba en los divertimentos cuando le vio de frente: más hermoso elegante y aterrador que nunca antes. Ahí estaba, frente a ella, como tomando el sol pero sin cerrar esos ojos verdes. Giorgo, con su pelambrera negra siendo acariciada por la brisa matutina, la miraba con osadía, con la lengua fuera. La rata se quedo inmóvil. El corazón empezaba a latir fuertemente. Un fuerte pinchazo en el estómago. Reaccionó: sin posibilidad de escape, abrió cuanto puedo la boca y saco las garras. Giorgio ni siquiera se movió. Seguía con la lengua fuera tomando el sol. La asqurosa rata se alegró en un primer momento. Luego se extraño, ¡it´s incredible! se dijo a sí misma - en su idioma materno- ( y es que nuestra asquerosa rata procedía de una gran estirpe de ratas procedentes de Inglaterra que decidieron quedarse en Iberia -así es como llamaban a Estado Español- tras la Batalla de Trafalgar) ¡ it was hunted and he does not kill me! stupid fucked cat!. Giorgio no se movía. Decidió acercarse a él. Olerle.

Despedía un extraño olor, un olor extraño a los gatos. Estaba vivo, de eso no había duda, pero olía diferente. Olía a higinene. A jabón y a sales. Había algo también extraño, del cuello de Giorgo colgaba un extraño medallón de color dorado que, a su vez, adornaba a un lazo de color rojo. what a piece of shit! -soltó entre dientes la rata- it´s so extrange! . Le olisqueo un par de veces intentado provocarle, pero Giorgio la ignoraba de forma obscena. Así que le mordió: Giorgio salió huyendo en busca de alguien que la Rata no había visto antes por el jardín de la casa abandonada. Un animal al que había visto en ocasiones aterrorizarse con ella, los humanos. Terrible especie. Giorgio corría hacía los humanos, aunque quizá correr era decir demasiado estaba tan gordo que la Rata no hubiera tenido problemas en superarle en una carrera. Attend, attend! -gritaba Giorgio- cést une putain, une radine!. Elle veut piquer mon prix¡. Los humanos la miraron con estupor al descubrirla a cielo abierto, sin, esta, esconderse ni sentir vergüenza por su aspecto. Uno de los pequeños humanos que acompañaban a los más grandes le intentó dar con un objeto contundente, pero La Rata logró esquivar la piedra. Decidió marcharse del jardín e ir hacía algún lugar más interesante. Las alcantarillas de las calles asfaltadas.

Cautiva detrás de una rueda de un coche abandonado, La Rata vio una estupenda alcantarilla colocada cerca de una no menos estupenda basura, una basura especialmente apetecible , ya que contenía los restos del fin de semana de un cercano restaurante famoso. Verduras, carnes y pescados casi frescos se apelotonaban en cajas de madera. Para la rata era la panacea. El sumun de los tesoros que se podrían encontrar en la gran ciudad. Una gran cantidad de alimento cerca de una alcantarilla que bien serviría de almacén e, incluso si las circunstancias lo permitieran, de nuevo hogar para su familia. Dedicó gran tiempo al estudio de la situación. Observó con detenimiento los detalles del lugar: distancia hasta el objetivo, obstáculos físicos reales, obstáculos físicos posibles (los coches que podrían circular por su trayectoria) y los enemigos a tener en cuenta. Abrió bien sus orejas intentado captar el más mínimo ruido metálico o procedente de calores. No escucho nada. No venían coches. Afinó su olfato en busca de posibles depredadores, pero no olió nada especial, ni orín heces o sudor de perros o gatos. No había nada que se interpusiera entre ella y el magnífico botín.

CONTINUARÁ....

03/12/2005 17:21.

Comentarios » Ir a formulario

gravatar.comAutor: Jontxu

Joder, he encontrado esta mierda de web bucenado en internet mientras rebuscaba algo sobre la peli esta de Olvídate de mí... y me encuentro con esta pedazo de mierda de este tal Raposo.
A ver... si aprendes a escribir... megalómano

que te jodan

Johnny (al que intentaste quitar el proyecto en la uni)

que te jodan de nuevo cabrón

Fecha: 03/12/2005 18:39.


Añadir un comentario




No será mostrado.






Suscrí
bete a este blog. RSS 2.0 Este Blog ha sido creado con Blogia. Ver derechos de autor . Estadísticas. Admin. [Blogia colabora con 1001 relatos.]