En este caso el specimen “no me trago el humo” es uno de los más eficientes en esconder sus actos más inmediatos, es decir, es capaz de adecuar su rostro a una sobriedad falsa. La sonrisa ya no es tan lograda como el del caso anterior, y en ciertas ocasiones la dirección de los ojos se corrompe, pero la inocencia de la sonrisa y la calidez de la mirada hacen de este tipo de sujeto un notabilísimo ejemplo de “arte de posar”



