Las cenizas del anarquismo libertario
Solemos creer que cada uno de nosotros, cada persona humana - qué casposo circumloquio que ahora tanto circula por los medios de comunicación- tiene en su madurez una ideología ya asentada e inamovible, como si esta fuera producto de una evolución genética, es decir, producto de algo que no se puede cambiar.A menudo estamos tan seguros de tener razón, de ser el auténtico "Dios" objetivo que ve todo bajo un prisma de sentido común y de verdad absoluta, sin ambargo si escarbamos un poquito dentro de nosotros vemos con mucha facilidad que la realidad es multidimensional, es decir que se forma e función de múltiples miradas y sensibilidades. Si no existiera la realidad según otro, la nuestra, nuestra elección no podría existir y si no ¿ Con qué otra realidad podríamos contrastar nuestra percepción?. Una vez aclarado que es imposible la existencia de la realidad objetiva y de la verdad absoluta queda otro aspecto por rebatir, ¿Es nuestra ideología un ente inmutable e inamovible una vez se ha formada y madurado?. Muchos creerán (Sobre todos aquellos que creen que son poseedores de la verdad absoluta) que los principios de cada uno son la base de la personalidad y que , si estos cambian, la personalidad quedará definitivamente trastornada, y yo diría ¿ y qué demonios pasa?. No hay mayor estupidez ( y también mayor causa de la violencia) que el miedo a cambiar y a cuestionar tus valores y tu propia vida. ¿Por qué no reflexionar en torno a los valores que han regido nuestra vida? ¿Por qué no cuestionar nuestro modo de vida, nuestros interese sociales y finalmente a nosotros mismos?. La respuesta es sencilla pero harto dificultosa de aceptar. Acabaríamos por derruir los cimientos de nuestra vida en este nuestro sistema, destruiríamos nuestro modo de supervivencia (es decir la consecución de unos objetivos y sueños. El egoísmo como motor de nuestras acciones) en este sistema.
Es fácil de comprender, si ponemos en tela de juicio las reglas del juego qué sentido tiene seguir dando codazos al contrartio para ganar. Muchos correríamos el peligro de abandonarnos, olvidarnos de competir y caer en las redes de la desidia, la desazón y finalmente en el parasitismo -según los liberales- social. Por eso, por estas razones es por lo que la mayoría de nosotros optamos por la aceptación tácita e implícita de las reglas del juego del sistema. Si no piensas no sufres, de ahí la sociedad de consumo a la que hemos derivado: la felicidad se encuentra en la evasión, en invertir nuestras divisas ( o mejor dicho las migajas que nos deja la elite) en ocio y tiempo libre. Vendemos nuestra capacidad humana, nuestra dignidad a cambio de - nos nos engañemos- divertimento y comodidad inmediata y trivial. Cuántas veces nos hemos sentido enormemente felices por haber conseguido el coche que deseábamos, las vacaciones en el sitio paradísiaco de moda o el nuevo ordenador portátil cuya velocidad de procesamiento es la de la luz. No quiero parecer un predicador ni dar lecciones éticas, pero mi visión es esa y quiero que la sepaís...
Entonces ¿ es beneficioso para nuestra salud mental y física reflexionar sobre el sistema? ¿sería mejor aceptar las reglas de juego y preparse concienzudamente para la competición?. La respuesta se la tiene que dar cada uno, pero antes de elegir uno u otro camino (ambos sumamente complicados) no estaría de más parar a pensar durante unos instantes, a dónde conjuntamente nos dirigimos y qué es lo que buscamos de manera individual. ¿Es incompatible el desarrollo personal con la dignidad comunal?
Hace más de 60 años un grupo de hombres u mujeres atraídos por las ideas de Bakunin comenzaron en diversas zonas de España (Aragón, Asturias, Andalucía, Castilla) a practicar lo que se llamo anarquismo libertario. Sí, anarquismo libertario. Hoy en día el adjetivo anarquista tiene valor peyorativo, puede equivaler a vago, maleante e incluso drogadicto, y es que la censura pervive en cada uno de nosotros. El anarquismo libertario nació en España poco antes de la Guerra Civil y para el que desconozca el funcionamiento este "antisistema" no era otra cosa que la colectivización de los medios productivos, medios sociales y de gobierno , es decir, que todo pertenecía a todos. Todas las decisiones se tomaban en democracia, una democracia participativa y popular en la que todos tenían voz y voto. Las tierras y fábricas (antes en manos de los terratenientes y capitalistas) pasaron a manos de los campesinos y de los obreros que auogestionaban las fuerzas productivas. Tal vez este "Antisistema" no fuera tan eficaz , desde el punto de vista productivo, como el capitalismo, sin embargo logró unas cotas de desarrollo social y personal a la comunidad y al individuo ( recordemos individuos pobres y analfabetos) jamás antes conocida. Campesinos y Obreros comenzaron a alfabetizarse. Las mujeres recobraron la plenitud de derechos humanos equiparándose al hombre.
Pero lo importante no es la -exitosa- aplicación de la teoría Bakunista sino la "explosión" involuntaria de una nueva forma de organizarse, de unos nuevos modelos sociales, la creación de nuevas formas de relación interpersonal y el nacimiento de un pensamiento comunitario, ahora el individuo era tan importante que es resto de sus semejantes no podría avanzar si este se estancaba. Extraodinario mérito el de estas personas que lograron superar la dominación de los poderes fácticos, una dominación que se basaba en valores que tenían muy interiorizados, valores forjados a lo largo de siglos de dominación y de exclavitud.
Cierto es que la aplicación y desarrollo de ese sistema fue harto complicado y estuvo lleno de violencia y de muerte. Sabido es que el terrorismo tal y como se conoce hoy en día fue ideado por ciertos anarquistas, y de todos es sabido (valga la redundancia de sabiendos) que este es un método que hace ganar pocos adeptos. Y es que la violencia era el camino más corto para llegar a sus intereses, que no eran otros que expropiar a los terranientes y a los explotadores y acabar con el poder cohibitivo del estado ¡Ahí es nada!.
26/07/2005 21:53.




